afrodisíacos

La historia de los afrodisíacos

“Afrodisíacos”. Se trata de un concepto conocido por todos, sin embargo, como ocurre con muchos términos, su procedencia no cuenta con la misma popularidad. Su origen remite a la diosa Afrodita, símbolo del amor en la antigua Grecia, que surgió desnuda de la espuma del mar. El sexo y la comida son dos de los placeres esenciales que han acompañado al ser humano a lo largo de la historia. Tanto es así, que el hecho de unir ambas experiencias ha sido siempre objeto de gran interés.

Innumerables culturas de todo tipo de zonas geográficas y de cronología prepararon ungüentos, pócimas de amor y prácticas rituales para estimular la potencia sexual así como la fertilidad, lo que hoy conocemos como afrodisíacos. Era habitual que se relacionase la sexualidad con plantas y alimentos cuya forma u olor se asemeja a los genitales masculinos o femeninos. Para los aztecas, por ejemplo, el aguacate, que traducido del náhuatl significa ‘testículo’, era considerado un potenciador sexual. Mientras que en la Edad Media, se recomendaba la toma de frutos con numerosas semillas, como el higo, el melón, la sandía o la granada, para aquellos que buscaban el embarazo.

Más allá de las creencias, la mayoría de alimentos con fama de estimulador sexual o afrodisíacos deben su eficacia a verdaderas cualidades medicinales, ya que, entre otros motivos, aumentan el riego sanguíneo en el aparato urogenital, como la albahaca, la hierbabuena, la cebolla o el jengibre. Asimismo, existen otro tipo de productos que aunque no cuenten con tales cualidades pueden ser propicios para la actividad erótica, como el alcohol. Eso sí, en dosis moderadas ya que en exceso reduce el deseo. Un ejemplo de gran trascendencia durante siglos es el burbujeante champán.

A día de hoy, consideramos como afrodisíacos a aquellas sustancias que tras ingerirlas, ya sea sólidas o bebidas, aumentan nuestro apetito sexual. Si queréis conocer más en profundidad el mundo de los afrodisíacos, os aconsejamos leer el artículo de Salud y Medicinas. ¡Bon appetit!

 

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